Cuando pensamos en crimen y música de la mano es el Gangsta Rap en lo primero en lo que surge en nuestra mente pero donde los raperos fantasean y colorean sus historias sobre “carros, pipas y pelas” de barrio las verdaderas historias, los casos reales de violencia, drogas y sangre, te las cantarán con sombreros vaqueros y acordeones: es el Narcocorrido.
A medio camino entre el periodismo underground, la veneración del criminal y el puro morbo estas baladas mexicanas te presentan la verdad en su formato más crudo y melódico a un mismo tiempo. En sus letras se especifican detalles concretos que no encontrarás en la música gangsta ni en ningún otro género vinculado al crimen, no hay aquí nombres en código ni aliteraciones para encubrir los crímenes sino fechas, nombres y lugares concretos. El tema principal suele girar en torno a los cárteles de la droga mexicanos y sus actos, son habituales canciones sobre asesinatos, contrabando de drogas y personas, extorsiones, secuestros, etc. Son los bardos del crimen, todo criminal que consigue un gran éxito busca que su reputación crezca mediante una balada sobre su hazaña y se sabe que los artistas cobran un buen dinero secreto por estas canciones.
Los músicos que componen las canciones no tratan de hacerse pasar ellos mismos por criminales (como suele ocurrir en el rap) sino más bien se consideran periodistas de la calle y el crimen y mantienen una reputación de veracidad en sus historias. Es habitual que se presente una versión favorecedora hacia los criminales en las canciones lo que ha hecho que este estilo sea perseguido por instituciones policiales y gubernamentales en México y en Estados Unidos.
Es de obligado mencionar, sin embargo, que algunos artistas del narcocorrido se centran en realidad en aspectos más políticos y de crítica social (más cercanos a los orígenes zapatistas) que en el culto al crimen. Otro detalle a destacar es que este estilo también se ha extendido a Colombia (con características similares) donde los llaman Corridos Prohibidos.
No existe ninguna diferencia musical con el corrido norteño (fronterizo) tradicional de México. El corrido es una balada sobre un ritmo de vals o polka en los que los instrumentos principales son el acordeón y el bajo sexto. Es habitual que incluyan también otros instrumentos según el tipo de banda que los interprete, desde baterías a conjuntos de metales. Se trata de una música para escuchar la letra más que para bailar (como serían las rancheras) y tienen una estructura tradicional lírica en la que hay una presentación o prólogo de la historia que se va a contar, seguida de la historia por sí misma y finalmente terminan con una despedida del cantante en la que se suele presentar una moraleja o conclusión final. Entre estrofas es habitual que se incluyan adornos instrumentales.
Tenemos que remontarnos a principios del siglo XX para encontrar los primeros antecedentes entre las baladas sobre Pancho Villa y Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana. Con el tiempo estos corridos fueron centrándose cada vez más en temas de rebelión contra el gobierno, violencia, contrabando y finalmente se vincularon a los cárteles mexicanos de la droga. En los años setenta se da el primer boom del narcocorrido en méxico con la saga compuesta por los Tigres del Norte sobre “Camelia la Tejana” una contrabandista de marihuana. Los Tigres se convierten en un éxito vendiendo millones de discos y reuniendo hasta a cien mil personas en sus conciertos. En esta época también aparece uno de los narradores más influyentes del género durante las siguientes décadas: Paulino Vargas.
Desde entonces ha habido otro boom recientemente (vinculado sin duda a la explosión de la Guerra de la Droga en México y la escalada de la violencia que le ha acompañado) desde finales de los noventa hasta principios del siglo XXI. Esa misma violencia es lo que ha detenido su avance recientemente.
Ser un autor de narcocorridos se ha convertido en algo realmente peligroso. Muchos de los artistas que los componían no se dedicaban exclusivamente a ellos y los han ido abandonando de sus discos y de sus conciertos en directo por miedo a las consecuencias. Por un lado las fuerzas de la ley y el orden en méxico y estados unidos han combatido (o lo han intentado) el auje de esta música pues convierte en héroes a sus enemigos.
Sin embargo el verdadero peligro ha surgido cuando empezaron a ser asesinados (y torturados al estilo de los carteles) artistas prominentes de la escena narcocorrido (más de una docena entre 2006 y 2008). Estas figuras se habían vinculado mucho al mundo de los traficantes y se vieron, por tanto, introducidos en la violencia que les acompaña. En ocasiones se ha explicado como venganzas por haberse afiliado demasiado a un cartel concreto y en otras como un ataque a la figura de estos artistas en general.
De un modo u otro los narcocorridos siguen cantándose, grabándose, comprándose y memorizándose por gentes a los dos lados de la frontera mexicano-estadounidense. Donde se cierran radios que pinchan esta música se han creado transmisores pirata, donde las tiendas se niegan a vender estos discos se crean mercadillos callejeros.
Nada detiene a la tradición y al morbo cuando juegan unidas.
